¿COMO RECUPERAMOS A NUESTROS HIJOS DESPUES DE TANTO TIEMPO PERDIDO?

Algunas veces reflexionamos en silencio sobre el poco tiempo que pasamos con ellos.  En un abrir y cerrar de ojos caminan, empiezan a hablar, van a la escuela…y antes de que nos demos cuenta hemos perdido mucho tiempo en cosas superficiales, desatendiendo lo realmente importante… nuestro hijos.

 

     En muchos sitios se habla de lo necesario que resulta acercarse a ellos aunque son pocos los que puntualizan “como hacerlo”. Nuestra recomendación es lograrlo a través del juego.

      Por medio del juego, nuestros niños exploran el mundo; desde su perspectiva y comprensión aprenden tanto o más de lo que nosotros podríamos sentarnos a enseñarles. De igual modo es a través de esta actividad que los niños estimulan su lenguaje, sus movimientos corporales y  su concentración, también expresan y controlan sus emociones aprendiendo a convivir con sus semejantes; así mismo adquieren experiencias que van aplicando subsecuentemente y logran ser tolerantes consigo mismo y los demás.

      Por tanto el juego es una actividad vital, indispensable para el óptimo desarrollo de todas las capacidades y habilidades de nuestros pequeños.

 

Objetivos del Juego

 

     Cabe señalar que los objetivos de los niños y adultos son evidentemente distintos. Los adultos nos guiamos por reglas inflexibles, condiciones, sanciones e incluso premios materiales cuando estamos jugando; solo hace falta analizar que nuestros juegos favoritos implican apuestas, castigos severos, inversión de recursos, tiempo de permanencia involuntaria y otros daños colaterales.

 

     En cambio los niños juegan por placer. Por el placer de la diversión, por el placer de no haber nada más en ese momento, por el placer de la risa, por el placer del movimiento, por el placer de tener amigos, por el placer de aprender algo nuevo, etc. Hay diferencia ¿verdad?

 

Por todo esto es crucial que hagamos a un lado nuestros propios objetivos y tratemos de comprender los objetivos de los niños, esto es lo que significa “ponerse al nivel de los niños”, no solo se trata de tirarse a suelo a jugar con ellos.

 

     Por ejemplo, tenemos el “juego del ajedrez”; seguramente muchos en casa limitamos el uso de éste recurso a nuestros niños menores de 5 años, ya que está hecho de material frágil, son piezas pequeñas y ni hablar de las complicadas reglas del juego; pero ¿que pasa si dejamos que sea el propio niño quien vaya guiando el juego antes de predisponernos con todo lo anterior?

 

     Probablemente el niño hará filas con las piezas, las separará por colores, formas o bien podría colocarlas rodeando el tablero o sobre él, las piezas claras sobre los cuadros oscuros o viceversa. Como sea, el objetivo del niño solo es el placer.

 

     Por otro lado, tal vez sin darnos cuenta, el niño ha experimentado cosas importantes:

 

  • SENTIDO DE RESPONSABILIDAD.- Al confiársele material delicado.
  • LIBERTAD DE ELECCION.- Al permitirle utilizar el material libremente.
  • RAZONAMIENTO.- Al realizar secuencias, seriaciones o discriminaciones.
  • MOVIMIENTOS FINOS.- Al tomar y colocar piezas pequeñas con sus manos.
  • SOCIABILIDAD.- Al decidir permitir a alguien más incorporarse a su juego.
  • CURIOSIDAD.- Al preguntar el nombre de las piezas o el nuevo color (marfil).

y muchas otras cosas màs.

 

¿Cómo juego con mi hijo?

 

     No se trata de imponerle al niño días, horarios o recursos determinados para éste fin, ya que el juego resulta una actividad placentera sólo si es espontánea y de libre elección. Por tanto, somos los adultos quienes debemos ajustarnos a los horarios y sugerencias de los niños. Parte de nuestro éxito dependerá de ésta elección.

 

     Lo conveniente será entonces abrirnos al juego, es decir permitirnos tomar el tiempo necesario para disfrutar las actividades y no bloquearnos con pensamientos negativos como el tiempo, otras ocupaciones, etc.

 

     El pequeño percibe perfectamente cuando sus semejantes se entusiasman o no con las mismas actividades que le son agradables a él, por lo que tiende a elegir determinados “compañeros de juego”. No es extraño entonces que suela preferir jugar con algún familiar cercano, amigo o maestro, en lugar de hacerlo con sus padres, y esto a su vez maximiza el distanciamiento entre padres e hijos.

 

     He aquí un punto importante para no echar en “saco roto” las sugerencias que les damos.

 

¿Cómo me acerco a él?

 

     En realidad no hace falta, los niños por instinto buscan acercarse a nosotros y lo manifiestan de muchas maneras; como permaneciendo en el área donde se encuentran las demás personas de la casa, haciendo ruiditos con su cuerpo o con lo que tengan a la mano o sencillamente paseándose frente a nosotros esperando hacer contacto. Rara vez los niños pequeños expresarán abiertamente su deseo de invitarnos a estar con ellos.

 

      Lo que sucede es que cuando los niños se manifiestan, solemos estar demasiado ocupados para notarlo, independientemente de las actividades que desempeñemos.

 

 

     Entonces, lo que debemos hacer es estar atentos a esas sencillas insinuaciones, al igual que cuando éramos pequeños y llegábamos a un lugar desconocido donde había niños jugando y esperábamos una señal para incluirnos en su juego, pese a que no siempre nos hacían una invitación directa. Eso si, hay que aprovecharlas al máximo ¡como en los viejos tiempos!

 

¿Cuál es el mejor momento para jugar con él?

 

     Cualquiera, mientras sea el niño quien lo busque. Si observamos a los pequeños cualquier cosa puede ser divertida como: Mojarse, Ensuciarse, Tirarse al piso, Gritar, Moverse, Reír, Correr, Saltar, Tocar, Imaginar, Escuchar, Cantar, Bailar, Observar, Dibujar, Recortar, Pegar, Manipular, Salir a la calle, Andar en bici, Pegarle a la pelota, Rodar, Ver cosas nuevas… ufff!

 

     Como ven, prácticamente todo puede ser atractivo para ellos si contiene al menos uno de éstos elementos; claro que si contiene varios, el tiempo de atención será mayor.

 

     Por ésta razón si ocasionalmente nos ayudan “a reparar algo dañado”, “a cocinar”, “a lavar el coche”, “a bañar al perro”, “a ir al súper”, “a lavar la ropa”, ellos se muestran entusiasmados.

 

     Lo atractivo de estos ejemplos además de contener varios de los elementos antes citados es que son novedosos. Si les dejamos la tarea de bañar al perro cada sábado, probablemente dejará de ser divertida a partir de la segunda vez, pues la experiencia ha sido adquirida con anterioridad y ya no existe el factor sorpresa.

 

     Lo mismo sucede con “la lotería”, “las escondidas” o cualquier otro recurso que sobre-explotemos. No es raro que hayamos invertido en un juguete caro y después de unos cuantos usos haya “perdido el chiste” y esté arrumbado por ahí, caso contrario a los video-juegos cuyo atractivo reside en la constante variante de escenarios, personajes, imágenes, sonidos y situaciones durante el juego.

 

¿Cuál es el mejor lugar para jugar?

 

     Al igual que con el momento ideal, será conveniente permitirle al niño definir el lugar, ya que con probabilidad elegirá el sitio menos esperado: la sala, el coche, camino a casa, la clase, el consultorio, la fila del banco, la regadera, las escaleras, los pasillos del súper, etc. y esto es porque reúnen ciertos elementos en común, ya que resultan ser: aburridos, rutinarios, abrumadores, con límites, hace calor, etc. por tanto son estresantes y la manera en la que el niño equilibra su nivel de estrés es jugando, por eso inconscientemente se dispone a hacerlo pese a las restricciones del lugar o de las personas con quienes se encuentre.

 

     Lo conveniente entonces será buscar condiciones agradables para el menor (libertad de movimiento, ventilación, espacio o cosas para manipular suelen ser una buena opción) y así permitir que se libere en el momento que lo necesite.

 

     Contrario a lo que podríamos imaginar, un cuarto lleno de juguetes por si solo no logra ser lo suficientemente atractivo al menor. Para un adulto sí lo es porque al hallarse en ese escenario le resulta más difícil rehusarse al juego, mientras que para el niño se deben combinar varios elementos como: Estado de ánimo, Lugar, Compañía y Placer entre otros.

 

 

Carlos Alberto Serna Arano

Ludotecario

Orizaba, Ver. Julio 2007

 

 

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